Capeas, encierros,
corridas de toros, todas las modalidades de caza, peleas de gallos o de perros,
violencia gratuita, tiro y arrastre, burro taxis, toros al mar o embolados,
granjas de explotación, abandonos, tiro al pichón o a la codorniz, circos con
animales, colombicultura, compraventa, perreras o rehalas. El maltrato
animal en España, ya sea amparado por Ley o al margen de ella, tiene infinidad
de modalidades, millones de víctimas sin voz y un aliado necesario: el inmovilismo
político que mira para otro lado ante la demanda social creciente por
un país que avance en derechos de los animales.
Al abogado y
animalista estadounidense George Thorndike Angell le
preguntaron por qué gastaba tanto tiempo y dinero en luchar contra la violencia
a los animales, mientras existe tanta crueldad hacia los humanos. Él contestó:
“Estoy trabajando en las raíces de esa crueldad”. Esta conversación ocurrió en
el siglo XIX, pero el tiempo y la ciencia no han hecho otra cosa que darle la razón.
Ahora sabemos, gracias
a estudios de psicología forense del FBI, por ejemplo, que muchos de
los que encuentran placer en la violencia hacia las personas comienzan
ejerciendo esa violencia hacia los animales. En el Partido Animalista tenemos el
convencimiento que no hay política más eficaz contra todo tipo de abusos que
legislar y trabajar institucionalmente para erradicar también la normalización
de la crueldad hacia los animales. Al mismo tiempo, educar a la sociedad,
empezando desde los colegios, para que no tolere ningún tipo de violencia.
España tiene un largo camino por delante en el que PACMA empezó a trabajar hace
15 años.
para información:

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