La violencia o el
maltrato animal no solo se refiere a golpes ni a intencionados actos
despiadados. Esto puede adquirir muchas formas diferentes, e incluso,
disfrazarse como algo normal. Generarles angustia, terror o estrés también
constituyen actos de maltrato.
Como parte de este
amplio abanico de posibilidades, la legislación de bienestar animal no intenta
definirla dentro de un marco exclusivo, sino que la explica como cualquier acto
u omisión que cause daños innecesarios o irrazonables a un animal. Con dicha declaración
generalizada, se pueden tratar diversos tipos de situaciones en diferentes
contextos.
Como ejemplos
particulares de crueldad, podemos mencionar:
Se le llama deporte,
pero de entrada, muchos se oponen a este término para dirigirse a las peleas
entre animales. Las más comunes son las peleas de perros y de gallos, donde
estas últimas, incluso, son parte de fiestas tradicionales en países como
México.
De principio a fin, es
decir, desde la preparación, en los enfrentamientos y hasta en los tratos
posteriores, hay violencia. Antes de las batallas los animales son equipados
con elementos punzo cortantes o son mutilados de partes corporales para
evitar que el oponente lo sostenga de esas áreas para ganar.
En caso de los perros,
los entrenamientos son muy crueles y violentos, pues hacen que practiquen con
perros callejeros y otros animales. Son aislados, encadenados, drogados e
inyectados con esteroides anabólicos para aumentar masa muscular. También se
les mutila cola y orejas para evitar que envíen señales de lenguaje corporal al
“rival”.
Este es uno de los
ejemplos donde el humano muchas veces no percibe el sufrimiento animal. Se
comprobó que detrás de los actos circenses con animales, especialmente
salvajes, hay maltrato y sufrimiento generado por entrenadores y cuidadores.
Látigos, varas de metal con puntas de gancho,
descargas eléctricas, entre otros instrumentos de tortura, son utilizados en
los animales para que obedezcan órdenes a cambio de comida. Leones, tigres, osos, elefantes, cebras, etc., etc., son
privados de la vida natural para enfrentar condiciones de encierro y violencia
donde deben ejecutar movimientos y adquirir posturas completamente anormales
para su condición.
Esto abarca abandono
tanto lejos de casa como dentro del mismo hogar. Un tipo común de abandono es
alejar al animal lo suficiente como para que no recuerde cómo llegar a casa.
Otro, es que se les limite su libertad con cadenas o dentro de espacios muy reducidos
y hacinados, sin alimento, agua limpia o un techo que los proteja del clima.
Gran parte de la
sociedad invita a adoptar perros en vez de comprar. Este pensamiento surgió
después de revelarse el negocio de la cruel crianza de perros donde las hembras
reproductoras viven en condiciones deplorables y su salud es llevada a límites
extremos.
La mayoría de los
criaderos son insalubres y los canes carecen de atenciones básicas como
veterinarios, comida, agua y lugares donde desechar sus necesidades. Los
cachorros son muy propensos a enfermedades y al ser separados de sus madres a
temprana edad, sufren miedo, inseguridad y numerosos problemas de
comportamiento.
Irresponsable acumulación de animales.
Esto proviene algunas veces de personas con buena
intención de salvar criaturas callejeras, lesionadas o maltratadas. El problema
es que albergan más animales de lo que sus posibilidades económicas pueden
permitir. Es una situación compleja donde entran temas como la salud mental de
la persona, el
bienestar animal y humano y la seguridad pública.
Los perros de asociaciones y casas hogares, deben ser
parte de una serie de lineamientos donde tanto personas como animales convivan
en un entorno salubre, con personal capacitado ante cualquier eventualidad y
con la posibilidad de poder ofrecer a todos los animales una atención adecuada
donde se cubran sus necesidades más básicas. Esto aplica también para hogares cuyos
propietarios cuenten con un número elevado de animales (de acuerdo a las leyes
de cada región), pues la proliferación
de enfermedades, parásitos, olores emanados, ruido y
otras cuestiones, pueden perturbar y poner en peligro a los habitantes
cercanos.
Un perro que viva como humano tiende a
la obesidad, a la agresividad o a la extrema timidez e inseguridad.
«Si los mataderos tuvieran
paredes de cristal, todos serían vegetarianos”. Es una popular frase que se
relaciona a este apartado. Muchas granjas están en condiciones deplorables y
los animales tienen vidas cortas dentro de jaulas sucias y muy pequeñas.
No hace falta ver imágenes.
Contrario a las normas de seguridad, higiene y muerte digna al animal, en los
mataderos se golpea y mutila aún con vida a pollos, cerdos, vacas, patos y
otros animales destinados al consumo humano.
Humanizar a los animales.
Los perros sienten y
actúan muy diferente al hombre. Ellos no se basan en la emotividad para
realizar sus funciones y actividades y no realizan profundos análisis de las
situaciones. Se basan en su instinto, en sus sentidos, en los estímulos
inmediatos y en su memoria para actuar, por lo que todo acto propio de humanos
puede repercutir negativamente en su comportamiento.
Un perro que viva como
humano tiende a la obesidad, a la agresividad o a la extrema timidez e
inseguridad. No logra desarrollar sus capacidades caninas y puede resultar
herido o intoxicado ante la insistencia de sus propietarios por peinarlo,
colocarle accesorios, llevarlo en bolsos, vestirlo con prendas ajustadas y
hasta perfumarlo y maquillarlo.
Otros ejemplos de
maltrato animal no menores a los anteriormente mencionados, son la cruel
matanza de caballos para consumo humano y las carreras animales, siendo más
popular la de perros Galgos.